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Ya de chica empezó a ir a la escuela. Allí aprendió a leer y escribir, sumar (su mar es en realidad el océano Atlántico), restar, multiplicar y dividir. Todo eso le permitió que más adelante leyera, escribiera, sumara (en realidad no tiene ninguna mara), restara, multiplicara y dividiera. Esto último con bastante dificultad.
A decir verdad, en la escuela no se destacó. Con
excepción de una vez en que tropezó con un pizarrón y perdió
simultáneamente los tacos de ambos zapatos.
En su paso por la escuela secundaria no hubo nada
sobresaliente, salvo uno de sus dientes delanteros de la hilera superior
de arriba, que sobresalió bastante.
El primer libro que escribió es la obra de teatro “Abran cancha, que aquí viene don Quijote de La Mancha”, en la que se advierte la influencia que después de tantos años de estudio ejercieron sobre ella el Siglo de Oro Español, la famosa novela de Miguel de Cervantes y su predisposición innata a jugar a la mancha. Esta obra se estrenó en 1979, año en que se representó por primera vez. A partir de ese momento se puso en escena muchísimas veces y en muy distintos lugares, pero ya nunca volvió a estrenarse. El primer libro que publicó es la obra de teatro “Oiga, chamigo aguará”, que deja ver la influencia que ejercieron sobre ella el chamamé, la chamarrita y otros ritmos litoraleños, todos ellos muy difundidos en nuestras provincias del litoral. Esa fue la primera vez que publicó un libro por primera vez, y también la última. Su segundo libro publicado, “El planeta de los aljenfios”, que en la actualidad es parte de un volumen titulado “Saber de las galaxias”, fue su primer libro protagonizado por cuentos en vez de obras de teatro. Después publicó otros cuentos, pero ninguno de ellos volvió a ser el primero en publicarse. Con el resto de sus libros ocurrió algo notable. Al segundo libro le siguió el tercero. Al cuarto le siguió el quinto. Al quinto le siguió el sexto, y así sucesivamente. Otro sorprendente rasgo de sus libros es que si bien se sabe con certeza cuál fue el primero, nadie tiene la menor idea de cuál será el último. Para hacer un breve comentario sobre algunos de sus títulos podemos decir que “Colón agarra viaje a toda costa” con frecuencia está agotado, lo cual se explica fácilmente si pensamos en lo agotador que debía ser un viaje por mar en la época de Colón. “José de San Martín, caballero del principio al fin” es un libro que comienza donde empieza y termina justo en el final. En “¿Quién me quita lo talado?”, según algunos comentaristas que nunca miraron la obra de esta autora con buenos ojos, hay un error en el título. Sostienen que donde dice “talado” debería decir “tarado”. “Una luna junto a la laguna” es un testimonio de lo mucho que la autora tiene la cabeza puesta en el satélite que gira alrededor de la Tierra. “¡Que sea La Odisea!” evidencia un gran conocimiento de las letras griegas, especialmente de la “y” griega. “El reglamento es el reglamento” expresa sin tapujos una gran adhesión a todo tipo de reglas, y también escuadras, transportadores y otros instrumentos esenciales para cualquier medición. “Llegar a Marte” es una velada mención al mercado lector que la autora se propone conquistar. “¿Qué es esto gigantesco?” es una traducción al lenguaje racional de la experiencia que tuvo cuando tomó conciencia de su pequeñez frente a la inmensidad del universo. "El surubí y el mar" es un cuento basado en las exhaustivas investigaciones acuáticas y submarinas que realizó la autora tratando de ampliar la difusión de sus libros. "El carpincho y sus amigos" es fruto de las frecuentes conversaciones que mantuvo la autora con distintas especies de nuestra fauna autóctona en su afán por promover la lectura. "El yaguareté que quería viajar" es un libro surgido a partir de un encuentro en que la autora reunió a varios animales y les dijo: Por favor, cuéntenme su vida. "Crecí hasta volver a ser pequeña" es el resultado de la excursión que María Delia Lozupone y Adela Basch realizaron en busca del elixir de la eterna juventud. "La abeja que no era ni joven ni vieja" en realidad debió llamarse La oreja que no era ni polen ni oveja, pero hubo una confusión porque ese día la escritora no pudo encontrar sus lentes. "Son todos colmos" es una ajustada síntesis de la concepción del mundo que tiene la autora.
Otras webs para saber más de Adela Basch
www.imaginaria.com.ar/01/1/basch.htm www.7calderosmagicos.com.ar/Autores/autores.htm
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