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Debo reconocer que este libro, en el que traté de conjugar mi creatividad con la de Cervantes y con la de los creadores de novelas de caballeros andantes de las que él abrevó, me convenció de que valía la pena emprender quijotadas.
Después de haber publicado unos cuantos libros, que
dicho sea de paso mis amigos y familiares recomiendan con fervor, sentí
que me había llegado el momento de abordar otra empresa quijotesca. El primer libro de la serie de títulos que presentamos en talleres en las escuelas es Había una vez un libro, que pone de relieve justamente lo que nos interesa: que cada libro despierte el deseo de seguir leyendo otros, así como el de producir otros textos, poemas, cuentos, colmos, historietas o lo que fuere.
Pensamos que es bueno que a estos talleres vengan
las madres y los padres, si es posible. Y si esto no es posible, que venga
al menos uno de ellos. Y si esto no es posible, que vengan la abuela o el
abuelo, una tía o un tío, una hermana o un hermano mayores o alguien de la
familia, entiéndase esta como se entienda. La cuestión es que al taller,
el chico o la chica que están en esa escuela vengan acompañados de algún
adulto que
En mi experiencia, los momentos de lectura compartidos entre quien es niño o niña y una persona algo mayor, son de muchísima riqueza. Al escribir esto evoco momentos de mi propia infancia en que mi papá, mi mamá o alguno de mis hermanos mayores me leía un cuento o un poema y no puedo dejar de recordar el fuerte impacto afectivo que este simple hecho me producía. Que alguien me leyera algo quería decir que esa persona me quería. Y también evoco momentos más recientes. En especial, mi trabajo para la Dirección Nacional del Libro en los tiempos en que esta estaba a cargo de Hebe Clementi.
Esta es la propuesta de los talleres de Abran Cancha: el acto de lectura como un hecho comunitario, leer con los otros.
Adela Basch |
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