¡Qué monada!

Obra de teatro de Alejandra Erbiti


Personajes
Señor
Mono 1
Mono 2
Mono 3

(Carpa de un circo. Un señor de traje apoya un maletín en el suelo y golpea las manos con insistencia. El maletín tiene un cartel bien grande que dice: “COBRANZAS”.)

Señor: (Gritando fuerte.) ¡Buenas noches! ¿Hay alguien? ¡Hola!

(No sale nadie. El señor se inquieta. Mira a su alrededor y encuentra unos instrumentos musicales cerca de la entrada. Elije algunos y empieza a hacer ruido con ellos. De pronto, se corre una lona y aparecen tres monos de evidente mal humor.)

Mono 1: ¡Eh, eh, eh!, ¿qué tanto chimpún, chimpún, chimpún?

Mono 2: ¡Sí! ¿Qué significa todo este alboroto, señor?

Señor: Bueno, es que yo llamé, grité, golpeé las manos varias veces y como no salía nadie…

Mono 3: ¿Y como no salía nadie no tuvo mejor idea que armar este escándalo con bombos y platillos?

Mono 2: Con bombos y platillos ajenos. ¡Permiso! (Le arrebata los instrumentos de las manos.)

Mono 1: ¿Sabe qué hora es?

Señor: (Mira su reloj.) Son las… (Golpea el cristal del reloj, sacude la mano, lo acerca a su oreja.) Me parece que mi reloj se paró. Pero deben ser como las…

Mono 1: (Lo interrumpe violentamente.) ¡Es hora de dormir, señor! ¡Hora de dormir, no de andar haciendo ruido!

Señor: Es que…

Mono 3: ¿Qué se piensa? ¿Que los animales no tenemos derecho a descansar?

Señor: Sí, pero yo…

Monos 2: ¡Pero nada! ¡Usted es un desubicado!

Señor: (Levantando la voz.) ¡Bueno, basta, no pienso seguir discutiendo con ustedes! Para que sepan, yo vine a hablar con el dueño del circo, no con los monos.

(Los monos se miran entre si y se ponen muy serios.)

Mono 1: ¿Y por qué no quiere hablar con los monos?

Mono 2: Eso. ¿Qué problema tiene con los monos?

Mono 1: ¿Usted es racista? ¿Nos discrimina porque somos monos?

Señor: (Nervioso.) Bueno, para empezar, los monos no hablan.

Mono 3: ¿Ah, no? Entonces no sé qué estamos haciendo acá, tomando frío.

Mono 2: Sí, ¡con lo tranquilos que estábamos durmiendo antes de que llegara este hombre tan ruidoso!

Mono 1: ¡Eso! ¡Volvamos a nuestras camitas calentitas!

Monos 2 y 3: Sí, vamos.

(Los monos se acomodan como para irse.)

Señor: ¡No!, ¡esperen! ¡No se vayan, por favor!

Mono 1: ¿Ahora sí quiere hablar con nosotros?

Señor: Disculpen si los ofendí. No fue mi intención. Es que esto me tomó por sorpresa.

Monos 2: ¡Imagínese a nosotros, que estábamos dormidos, soñando con bananas, cocos y con la mona Chita!

Señor: No, ustedes no me entienden. ¡Al verlos, así, hablándome como si nada, pensé que me había equivocado de colectivo y había llegado al planeta de los simios!

(Los monos se quedan mirándolo fijamente.)

Señor: ¡La película! ¡El planeta de los simios! Con los monos malos que cazaban humanos y la mona buena que… ¿no me digan que no vieron esa película?

(Los monos se miran sin entender.)

Señor: (Asustado.) Un momentito… (Tiembla.) Díganme la verdad. ¿Estoy en el planeta de los simios?

Mono 1: ¿El planeta de los simios? ¡Qué esperanza!

Mono 3: Si fuera el planeta de los simios, no tendríamos que ganarnos la vida haciendo monadas.

Señor: (Se agarra la cabeza.) Disculpen, no me siento bien. (Se sienta y se abanica.)

Mono 2: ¿Qué le pasa, señor?

Señor: ¡Es para volverse loco! ¡Estoy hablando con tres monos!

Mono 1: ¿Quiere que despertemos a los otros cinco?

Señor: ¡No, no! Así está bien. Miren, no quiero ofenderlos ni nada, pero realmente necesito hablar con el dueño del circo.

Mono 2: Nosotros somos los dueños de circo.

Señor: ¿Ustedes? ¿Pero cómo es posible? (Aturdido.) ¡Debo estar soñando! ¡No, peor! ¡Debe ser una pesadilla! ¡Ay, madre mía! ¡Ya no sé qué pensar! ¡Desconfío de lo que oyen mis oídos! ¡Desconfío de lo que ven mis ojos!

Mono 2: ¡Eh, qué desconfiado!

Mono 3: Usted no distingue la realidad de la fantasía.

Mono 1: Usted tendría que ir a un psicoanalista, señor.

Mono 2: Sí, y hasta le podemos recomendar uno muy bueno. (A los otros dos monos.) ¿Cómo se llamaba el psicoanalista que atendió a Kiki?

Señor: (Nerviosísimo) ¿Qui… qui… quién es Kiki?

Mono 1: El conejo del mago.

Mono 3: ¡Pobrecito Kiki! Pensamos que nunca se iba recuperar.

Señor: (Más nervioso que antes.) ¿Popó… popó... po... por qué? ¿Qué le pasó a Kiki?

(Los monos se miran entre sí y suspiran.)

Mono 2: Se hacía pis en la galera.

Mono 3: Y el mago se ponía rabioso. Lo quería matar. ¡Se lo quería comer en guiso!

Mono 1: Kiki se tenía que andar escondiendo hasta que al mago se le pasaba la rabieta.

Mono 3: Vivía aterrado ese pobre animalito.

Mono 2: Entonces, lo mandamos a hacer terapia con este psicoanalista. (A los otros monos.) ¿Cómo se llamaba?... el doctor… el doctor… (Los monos tratan de recordar el nombre y no pueden.)

Señor: ¿Y ahora está bien el conejito Kiki?

Mono 2: ¡Mejor que nunca!

Señor: ¡Qué suerte! ¿Ya no se hace más pis en la galera?

Mono 3: ¡Sí, cada tanto se le escapa algún que otro pis! Pero contratamos a un mago que no se enoja.

Mono 1: ¡El sí comprende a los conejitos!

Señor: ¡Ah, claro! ¿Y con el otro mago qué pasó?

Monos 1; 2 y 3: Recibió su merecido.

Señor: (Asustado.) ¿Qué quieren decir con eso de que recibió su merecido?

Mono 3: ¿Y qué vamos a querer decir?

Mono 2: ¡Lo despedimos y le pagamos la indemnización, como corresponde!

Señor: (Suspira aliviado.) ¡Ah! ¿Y con el anterior dueño del circo qué pasó?

(Los monos se miran cómplices, se codean y se ríen con picardía.)

Mono 1: ¡Él también recibió su merecido!

Mono 2: Sí, y no creo que volvamos a verlo por aquí.

Señor: ¿También lo despidieron y lo indemnizaron?

(Los monos sueltan una carcajada y se ríen agarrándose la panza.)

Señor: ¿Qué hicieron con ese pobre hombre?

Mono 2: ¿Pobre hombre?

Mono 1: ¡Pobres animales, querrá decir!

Mono 3: Nos tenía enjaulados todo el día.

Mono 2: ¡Sí, qué aburrido!

Mono 1: No nos bañaba nunca.

Mono 2: ¡Sí, qué olor!

Mono 1: Y cada vez gastaba más dinero en cosas para él y menos para nosotros.

Monos 1; 2 y 3: ¡Nos mataba de hambre!

Mono 3: ¡Pobrecito, Mambo!

Señor: ¿Quién es Mambo?

Mono 3: El elefante. ¡Estaba cada vez más flaco!

Mono 2: Ya no parecía un elefante.

Mono 1: ¡Ni sé qué parecía!

Mono 2: El público se quejaba.

Mono 1: ¡Pobre Mambo! Estaba tan hambriento, que una noche, en plena función, llegó a la pista y en vez de hacer sus piruetas, se abalanzó sobre el público y les comió los pochochos, los panchos, las hamburguesas, los helados. ¡Todo!

Mono 2: ¡No dejó nada! ¡Una vez que empezó a comer, fue imposible detenerlo!

Mono 3: ¡Hasta le comió el rodete postizo a una señora de la primera fila!

Mono 1: Se armó un escándalo terrible.

Mono 2: Nosotros aprovechamos el alboroto, nos robamos las llaves y abrimos todas las jaulas.

Mono 1: ¡Había una de animales por todas partes…!

Mono 3: ¡Fue tan divertido!

Mono 2: La gente corría y gritaba como loca.

Mono 3: Nosotros le explicábamos que solamente queríamos comer, pero se asustaban más todavía.

Mono 2: La gente, a veces, no entiende a los animales.

Mono 1: Cuando se fue todo el mundo, hicimos un trato con el dueño del circo.

Señor: ¿Un trato?

Mono 3: Sí. Le pedimos que se fuera y nos diera el circo.

Señor: ¿Y el dueño qué hizo?

Mono 2: Se fue y nos dio el circo.

Señor: ¿Así nomás? ¿Sin recibir nada a cambio?

Mono 3: ¡Ay, pero claro que recibió algo a cambio!

Mono 1 y 2: ¡Obvio!

Mono 1: Él nos dio el circo y nosotros convencimos a los leones para que no se lo comieran.

Señor: ¡Ah! Sí, parece un trato muy justo.

Mono 2: ¿Y usted?, ¿por qué asunto venía a hablar con el dueño anterior?

Señor: (Tratando de disimular el miedo.) ¿Saben qué? ¡No me acuerdo! (Patea el maletín bien lejos.) ¡Me olvidé completamente!

Mono 1: ¿Se olvidó?

Mono 3: ¿Así? ¿De golpe y porrazo?

Señor: ¡Sí! No sé qué me pasó. (Mira al cielo y suspira.) ¡Qué linda está la noche! ¿No es cierto?

(Los monos miran al cielo. El señor se va sigilosamente, sin que lo noten.)

Mono 1: ¿Le parece?

Monos 2: Yo creo que va a llover.

Mono 3: Sí, está todo nublado.

Mono 1: Me parece que vi unos relámpagos.

Monos 2: Sí, y ya sopla un vientito raro.

Mono 3: Y en el aire hay olor a tormenta.

Mono 1: ¿No le parece, señor? (Mira para todos lados.) ¿Señor?

(Los monos bajan la vista y advierten que el hombre no está.)

Monos 2: ¿Se fue?

Mono 3: Parece que sí.

Mono 1: ¡Mejor! Ahora podemos irnos a dormir.

Mono 3: ¡Sí, tengo un sueño! (Bosteza muy fuerte.)

Mono 3: ¡Qué hombre tan raro! ¿No?

Mono 1: Todos los humanos son un poco raros.

Monos 2: Sí, son muy raros. ¿Quién los entiende?

Monos 1 y 3: Yo no.

Monos 2: ¡Volvamos a la camita calentita!

Monos 1 y 3: Sí, vamos.

(El escenario se va oscureciendo. Los monos van entrando a la carpa con mucha pereza. Bostezan fuerte y se rascan al estilo mono.)

(Telón.)

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